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jueves, 1 de abril de 2010

EL VIEJO QUE ROBABA A LOS NIÑOS




EL VIEJO QUE ROBABA A LOS NIÑOS
En los alrededores de los poblados de los piros existe un viejecito achacoso, de cabello blanco, y de barba también canosa y recta que semeja espinas prendidas en la cara. Se llama Katamashapto, que quiere decir “barba recta”. Se sienta en cuclillas abrazando las rodillas con ambas manos, y cubre totalmente sus piernas y los pies con la cushma. En esa posición espera el paso de algún niño.
Cuando un niño se acerca el viejo mueve la cabeza a un lado y otro, le hace muecas con la boca, y le hipnotiza. El niño, inocentemente, caminará hacia el viejo y se sentará en su regazo.
El niño será presa del anciano. Este le golpea en la nuca y le mata. Si tiene hambre le devora en unos instantes; mas si está saciado lo llevará a su guarida dentro de la tierra.
La misma suerte han de correr sus padres o hermanos que quieran buscar al desaparecido. Todos serán hipnotizados y muertos para ser carnaza del viejo Katamashapto.
Los piros temen a este anciano, y en especial los niños.

EL TUNCHI



EL TUNCHI (leyenda)
Según los piros existe en la selva o en el fondo de los ríos unos espíritus, los “tunchis”, del río o del monte como los llaman los piros.
Estos espíritus unas veces se dejan ver bajo la forma de hermosas mujeres cubiertas de pelo todo el cuerpo o de sirenas, otras veces semejando hombres altos y fuertes o feos y repugnantes; o simplemente se dejan sentir mediante ruidos, cantos o gemidos. Lo más común es que estén representados por un pájaro que pía tristemente.
Los bosques tenebrosos y solitarios, los malos pasos de los ríos, las casas deshabitadas, los panteones son los lugares preferidos de estos espíritus. Salen todos los días y noches por los caminos transitables, hablando solos, llorando o gritando o simulando gentes conocidas de los viajeros. Su oficio es asustar. También se les atribuye ser causa de enfermedades, muertes y secuestros.
Muchos de estos espíritus son llamados “mama” o madre. Habitan en los remolinas de los ríos, en los árboles, en las corrientes y en otras muchas manifestaciones de la tierra y de la vida y se llaman “mama” porque son el origen de esa cosa, la fuente de su actividad y sus celosos guardianes. Así el remolino, el río, el árbol tienen una “madre” que les da la vida, que llora, canta y ríe, y venga las injurias que el hombre osado se atreve a inferirle.